jueves, 12 de marzo de 2020

LA LOCURA DE DON QUIJOTE CON LAS MATESIMPÁTICAS 1ª PARTE

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¡Hola a tod@s!¡Otra semanita más! ¿Estáis preparados para pasar un buen rato con el ABN y nuestras MATESIMPÁTICAS? ¡Pues comencemos nuestra andadura de esta semana! Y hablando de andadura, hoy queremos hacer un pequeño juego de imaginación con el caballero andante más famoso del mundo mundial: DON QUIJOTE DE LA MANCHA. Como todos sabéis, llevamos meses trabajando y conociendo los detalles más curiosos del libro que escribió MIGUEL DE CERVANTES. El juego es el siguiente: como Don Quijote se volvió loco de tanto leer libros de caballerías, y se imaginaba cosas que no existían ni estaban pasando, ¿por qué no vemos qué habría pasado si Don Quijote se hubiera dado un paseo por nuestro cole mientras que jugamos con las MATESIMPÁTICAS? Suena bien, ¿verdad?




Si Don Quijote hubiese pasado a la clase de los niños y niñas de la maestra GLORIA, ¿qué se hubiese imaginado? Estos peques han trabajado el concepto matesimpático de TANTOS COMO. Su maestra ha repartido vasos con tarjetas que tienen manos con los deditos sacados. Los peques tenían que meter TANTOS palitos de colores COMO deditos tienen las tarjetas. 



















Parece algo muy bonito, sencillo y divertido, pero seguro que Don Quijote habría pensado que cada vaso sería una vasija milagrosa, que quien acierta a colocar tantas dagas como serpientes hay asomadas, conseguiría ciento un años de buena dicha en su vida. Si de esta forma se animase Don Quijote a jugar, estupendo.


Si Don Quijote hubiese pasado a la clase de los niños y niñas de la maestra MARÍA JOSÉ, ¿qué se hubiese imaginado? Estos pequeñines han podido pasar un ratito muy agradable gracias a GABRIELA Y SU FAMILIA. Ellos han sido los que han inventado un juego matesimpático con unas cartulinas y una fichas. Hay dos tipos de juegos: una cartulina con los números hasta el 10, donde hay que colocar las fichas con los puntos que indica el número; y otra cartulina con círculos con puntitos, donde hay que colocar el número según los puntitos que haya.





















Don Quijote entraría en esta clase, imaginando que entra en un gran salón del palacio del Dragón Verde. Allí vería 19 invitados, entretenidos en un nuevo juego de mesa, donde los números son los protagonistas. Si alguno de estos invitados falla en la colocación de algún número, deberán enfrentarse, con la ayuda de una espada y un escudo, al temible Dragón Verde que vigila la entrada del castillo. Esto sí que es un juego de riesgo.

Si Don Quijote hubiese pasado a la clase de los niños y niñas del maestro JOSÉ MANUEL, ¿qué se hubiese imaginado? Bueno, en esta clase de alumnos de 4 años, se entretienen y aprenden con LA RECTA NUMÉRICA. Su maestro la ha dibujado en el suelo, como si de un edificio con pisos se tratase, y cada peque vive en un piso con un número. Como hace frío en su barrio, se invitan a merendar unos a otros chocolate y magdalenas ¡Uhm, qué ricos! El peque invitado debe contar cuántos pisos debe pasar hasta llegar a la casa del anfitrión. ¡Buen provecho!







Y como el juego de los invitados a merendar les sabía a poco a estos niños y niñas, han terminado jugando con la misma recta numérica y una ranita saltarina. La ranita va saltando de número en número, según la tarjeta que cae en la alfombra, y son los propios peques los que ayudan a la ranita a avanzar, contando con cuidado de no equivocarse.





Nuestro querido y loco Don Quijote habría montado un desaguisado tremendo en pleno juego. Habría pensado que estos niños y niñas estarían prisioneros en estas celdas numeradas, por culpa de algún rey cruel que odia a los más pequeños. Habría entrado a todo trapo borrando la recta numérica del suelo para librar a los pequeños de su cautiverio. ¿Y la rana qué? Pues la rana, evidentemente, la habría cogido y le habría plantado un besote en los morros, creyendo que podría ser una dama encantada convertida en batracio. ¡Ay madre, qué loco Don Quijote!


Si Don Quijote hubiese pasado de nuevo a esta misma clase, pero con la compañía de la maestra GEMA, ¿qué hubiese pasado? A los niños y niñas de esta clase les encanta jugar con LA RECTA NUMÉRICA. Lo guay es que se puede crear de diversas formas. Esta vez tienen una alfombra de números con los que se forma la recta numérica. Lo primero, hay que formarla entre todos, número a número, y sin cambiar el orden de ningún número, porque si no, menudo lío. Después, juegan a colocarse cada peque en un número, y la maestra les enseña una carta que puede tener el 1, el 2 o el 3; según el número que salga en la carta, tantos saltitos deben avanzar de número en número en la recta. Y como estos peques pueden con todo, y siempre se quedan con ganas de seguir jugando más y más, disfrutan con un juego de ASOCIACIÓN DE NÚMERO Y CANTIDAD, colocando los palitos que el número indica. ¡Menudo rato tan bueno han pasado!




 Don Quijote seguiría atrapado en esta clase, sin parar de besar a la ranita saltarina, para reconvertirla de una vez en la bella dama que se imagina que es. Y al cesar en su entretenida tarea, se daría cuenta que en ese lugar habría aparecido una alfombra mágica llegada del mismísimo oriente, propiedad de un brujo de tierras muy lejanas. Esa alfombra podría volar si no se equivocase a la hora de colocarla en el orden correcto, si obedeciese a las cartas que le fuesen enseñando los pequeños huéspedes de ese lugar y si supiese poner al lado de los números de la alfombra, tantos palos de roble viejo como el número indica. ¿Conseguiría Don Quijote que volase la alfombra, al igual que pasó con el caballo Clavileño?

PERO LAS ANDANZAS DE DON QUIJOTE EN NUESTRO COLE, CON LAS MATESIMPÁTICAS, AÚN NO HAN ACABADO...

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